La consigna es…

Sobre LOBOS y CAPERUCITAS...
"Soplando sueños"
Amanecer en el bosque. Un tibio rayo de sol me despierta, el lugar empieza a renacer y se pueden escuchar los primeros cantos de los pájaros. Abro mis ojos, me estiro y bostezo, se me ven todos mis filosos dientes. Más de un hombre se hubiera asustado al verme así, con la boca abierta en un simple bostezo, y de haber podido, más de uno me hubiera disparado. Es difícil ser un lobo y más si se es uno como yo. Tengo un aspecto de asesino y soy más grande de lo normal, mis dientes brillan como si los hubieran pulido, son filosos. Soy un arma perfecta para matar. Pero lo más especial en mí, es que no me gusta comer carne, le tengo horror a la sangre y la idea de matar me atormenta. Yo sueño con ser un pájaro, poder volar por encima de todos, ser libre, cantar. Los hombres no se asustarían al verme, apreciarían mi canto, el color de mis plumas, y presumiría de mi habilidad de volar. Sí, soy un pájaro en el cuerpo de un lobo y nadie lo entiende. Nací en el lugar y momento incorrectos, lo supe desde el instante en que llegué a este mundo, al ver que no había salido de un huevo y que me veía obligado a tomar leche.
¿Qué hago aquí? ¿Quién soy? ¿Por qué estoy dotado de colmillos y no de alas? ¿Por qué quiero ser algo que no soy? ¿O soy algo que no debía ser?
Día tras día he tenido que soportar los rugidos de mi padre. Él espera ver en mí todo lo que nunca voy a ser. Quiere que vaya de cacería, que traiga la mejor presa, que sea el más rápido, el más valiente, el que ruge más fuerte. Lo único admirable en mí es mi aullido, cuando lo hago bajo la luz de la luna, siento que canto, que puedo volar, que el mundo es mío.
Ayer mi padre me pidió una cosa. “Hijo, por favor, sigue mi ejemplo y el de tu abuelo, que si él volviera de su tumba y viera que su nieto es así se volvería a enterrar solo. Él se hizo famoso por engañar a una niñita y comerse a su abuela, fue un genio. Pero los hombres no logran entender cuanto nos cuesta a nosotros lograr esas hazañas, matan al lobo y hacen como si ese fuera el final feliz, siempre es así. Yo quiero que vayas e intentes cazar a esos tres cerditos que viven en esas tres casitas al lado del bosque. Si lo hacés seguro que tu abuelo va a estar orgulloso de vos y me harás el padre más feliz del mundo.”
No puedo defraudar a mi padre otra vez, ya lo he hecho sufrir demasiado, además no espero que entienda algún día cómo me siento.
Camino sigilosamente hasta la primera casa, es de paja ya que se ve que el cerdito no tuvo ganas de trabajar mucho para hacerla. Cuando ya estoy bien cerca, el chanchito me ve y se esconde dentro de su casita.
“Vamos cerdito, ¿podés salir por las buenas?” La verdad es que me da mucha lástima pensar en el pobre y tembloroso chanchito que está del otro lado del heno. “Bueno, si no vas a salir… soplaré, soplaré y tu casa derribaré.”
Junto todo el aire que me puede entrar en los pulmones y lo suelto como si quisiera aullar. La paja se va volando y queda el cerdito temblando en medio de la nada. Sale corriendo hasta la casa de su hermano. Yo lo persigo con pocas ganas, hasta que me paro frente a una casa de madera. Esta va a ser un poco más difícil de derribar, pero no imposible.
“¿Están seguros de que no quieren salir por las buenas?” Lleno de aire mis pulmones y soplo; al primer intento no logro nada. “Soplaré, soplaré y tu casa derribaré.” Vuelvo a soplar con más intensidad y las maderas se desprenden y caen. Los dos chanchitos quedan temblando entre tablas caídas. Salen corriendo y yo, como un buen lobo debe hacer, los persigo.
Entran a una casa de ladrillos muy bien construida; la veo y ya sé que no la voy a poder derribar ni con el más fuerte de mis soplidos, aún así, digo “Soplaré, soplaré y tu casa derribaré.” Por mi padre, por mi abuelo, por el orgullo de mi familia, yo soplo, soplo y vuelvo a soplar. Quedo exhausto.
Escucho a los cerditos reírse de mí en el interior de la casa, me siento frustrado y derrotado. No puedo rendirme tan fácilmente. Busco una rama, la apoyo contra la pared de la casa y con ella me subo al techo. Estando aquí arriba, siento que soy un pájaro en un árbol, contemplando el bosque. Quiero volar, quiero escapar de mis obligaciones y seguir mis sueños, pero no puedo, debo bajar por la chimenea, es la única opción que me queda. Me deslizo por la chimenea, cuando llego a la base me percato de que habían puesto una olla de agua hirviendo en el fondo. No puedo detenerme y caigo en ella. Un dolor punzante recorre toda mi cola, bramo de dolor, probablemente el aullido más fuerte que he hecho en mi vida. Pego un salto y salgo volando por la chimenea. Me duele, he perdido, no pude cumplir el sueño de mi padre, pero de alguna forma sí cumplí el mío. Estoy volando, estoy a la altura de las aves, veo el mundo más pequeño. Estoy bien, aunque me duele, aunque sé que van a escribir esta historia como si tuviera un final feliz, porque el lobo malvado fue vencido, porque terminó con la cola y el orgullo quemados, porque los tres cerditos están intactos, en su casa, burlándose de él. Ellos esta noche dormirán en sus camas y yo en la intemperie, abandonado por mi manada, porque los lobos debemos ser malos y no podemos volar.
Laura Palmieri
"Y la dejé ir"
Era un domingo como cualquier otro. Mi abuela tenía una terrible enfermedad mortal, y según el médico, le quedaban dos meses de vida. “Le tengo mucho miedo a la muerte”, me decía, y yo disfrazando mi cara, disimulando no tener ese temor, intentaba darle consuelo dici
éndole que pensara en el lado positivo, para convencerla de que había tenido una vida fantástica llena de idas y vueltas, con su único amor, el abuelo, quien había muerto, años atrás, de la misma enfermedad; con sus tres hermosas hijas, que el tiempo le había quitado… Haciéndole creer que estaba convencida de que después de la muerte, comienza otra vida en la que la apariencia no importa, las mujeres no se maquillan para ser más atractivas, y en la que el amor es único y no hace falta satisfacerse con otras personas para no aburrirse, para no hundirse en la soledad, soledad enamorada, soledad endemoniada. Y en ese otro lugar que vamos a habitar, la felicidad es más que una moda, las sonrisas son comunes y el llanto es un símbolo de emoción y no un motivo de vergüenza. Allí no existe la delincuencia, no se necesita tomar alcohol para divertirse una noche o para perder la vergüenza y las personas buscan refugios en los otros y no en las drogas...
Siempre le decía que me hubiera gustado vivir como ella y no sentirme un ser distinto a todo el
resto de la sociedad, a los que como ovejas siguen a su pastor, corren por el camino de lo nuevo y lo sofisticado, el camino a la infelicidad constante, porque la perfección es el objetivo de todos, cuando en realidad ser “perfecto” es algo muy subjetivo. Todos corren desesperadamente hacia una meta que no van a lograr nunca.
Y ahora me encuentro sola en casa, mirando por la ventana, viendo cómo las palomas decoran los vidrios de la cocina, y como la gente se estresa con sus autos queriendo ser mejor que el otro, imponiéndose, y pienso… ¿A dónde nos llevará la muerte? ¿Dónde irán a parar todas esas almas que nos sueltan la mano y vuelan hacia otro lugar? Ese lugar, ¿Cual será, verdaderamente? Me pregunto si después de dejarnos, se quedarán durmiendo con el cuerpo o si lo dejarán, felices de haberse librado de ese peso enorme, que tantos complejos les trajo…
¿Qué es la muerte? ¿Por qué lo malo siempre tiene que ganar la batalla y ser imbatible?Aquellos dos meses pasaron rápido, y yo guardé la capa roja que me acompañaba todos los domingos a visitarla.
Camila Torregiani.

De PRINCESAS en la torre de la espera...
10 años, 5 meses, 2 semanas y 4 días son los que llevo acá encerrada. Sin nada para hacer, sin nadie con quién conversar y, sobretodo, harta de esperar. Por eso hoy va a ser un día diferente. Hoy las cosas van a cambiar y voy a salir de esta torre que me aprisiona.
Después de esperar por años y años que algún caballero de brillante armadura me rescatara, descubrí que tales hombres son para otras princesas. Habrán existido para Aurora y para Blancanieves, pero a mí nadie me viene a buscar, y ya estoy cansada de mirar por la ventana todo el tiempo, tratando de ver un corcel con un jinete que me quiera desatar de esta cruel condena que es la soledad. Es obvio que eso nunca me va a pasar, ya lo tengo asumido.
Mi larga trenza es la prueba de que esperar por tanto tiempo y no hacer nada, no es la solución a los problemas. Tengo mi extensa cabellera con las puntas abiertas, sin brillo ni fuerzas y cada vez se parece más a su dueña, pues me siento débil, sin ganas de salir y ya nada me importa. Por momentos, quiero tirarme por la ventana y volar, sentir el viento por debajo de mí, estar a kilómetros del suelo, en medio de las nubes, aturdida por los hermosos colores del cielo, flotando con las hojas y a la par de las aves, sintiéndome libre, libre por primera vez y para siempre.
Desde pequeña soñaba con este día y por fin llegó; estoy descalza, con los pies sobre el suave pasto de la mañana, húmedo y lleno de vida, ansioso por que lo recorra. No puedo creer que esperé por tanto tiempo este momento sin siquiera mover una pestaña, un músculo, un dedo, asumiendo que las cosas se iban a dar por sí mismas, sin darme cuenta de que era yo la que debía formar ese curso .No quería ver que dependía de mí el cambiar la historia, para dejar de ser la pobre chica dentro de la torre, acompañada del aburrido dragón que ya no tiene fuerzas ni para lanzar una mínima bola de fuego.
Siempre pensé en este día como un giro totalmente nuevo y mágico en mi vida, pero me siento perdida en la tierra. No entiendo de amistades, ni de amores, ni de razones. Estuve tanto tiempo sola, que no sé cómo estar con otros. Una parte de mí quiere volver a la torre, donde todo es seguro, y no hay nada que pueda sorprenderme, todo es igual de gris, todos los días, desde hace 10 años. Pero, desde muy dentro de mí, una voz me grita: “no, no. Es tu momento de brillar y de crecer; saltá, corré, disfrutá, amá “.
Mi corazón tiene razón. No puedo dejar que un puñado de nervios me domine y me haga cambiar el camino que elegí y por el que esperé tanto tiempo. Ya desperdicié demasiados momentos mirando desde mi fría ventana cómo el resto de las princesas jugaba con sus familias y reían a montones.
Es momento de que esta Rapunzel cambie su historia y baje de la torre.
Lucía Simioni.
"Pensamientos de una princesa"
Al fin libre de esos alambres que cortan mi respiración. ¿Cómo pretenden que alguien pueda mantener la sonrisa falsa toda la noche usándolos? Algo inhumano, sin lugar a dudas. Me gustaría ver a mi padre o a alguno de sus amigotes bigotudos y distinguidos intentando ponerse un corsé. La sola idea me fascina.
A veces me siento subestimada, creen que por se hija de..., sobrina de tal…, mi vida es fácil y hermosa .Claro que no!! Están muy equivocados: ¿a quién le gustaría pasar todos los días de su vida mirando por la ventana, suspirando, con aires soñadores y ojos enamorados esperando un príncipe azul, que por cierto no existe? Los príncipes azules son todos viejos bigotudos adinerados, como mi padre, lo único que tienen de color es el verde de los billetes acumulados, que no gastan en nadie salvo en ellos mismos.
Personalmente, entiendo por “hermosa” una vida de riesgo, diversión, acción, de vivir al límite. Pero no, yo me tengo que conformar con la monotonía de la espera aburrida y sin sentido ¿Esperar qué? ¿A quién? Esperar no lleva a nada, se me pasa la vida esperando.
Y por “vida fácil”... entiendo que no hay vidas fáciles, solo personas que pretenden tenerlas.
La criada toca mi puerta, sumisa y vergonzosa como siempre. Es hora de volver a los alambres incómodos, que cortan mi respiración y de disimular, lo mejor posible, mi cara de repugnancia hacia el té con una sonrisa falsa y un por favor y gracias fingido.
Candelaria Sartori
Raro y especial...
Malditas voces, ¡salgan de mi cabeza!. Cállense, no quiero escucharlos, me hacen mal.
Por fin se callan. Tuve que criarme escuchando a mis hermanos fuera de mi cabeza y ahora me siguen acechando dentro de ella. Como si yo hubiera hecho algo mal y ellos son los que me dañan a mí; siempre me insultaban y me excluían, me rechazaban, y lo siguen haciendo. Perdón por no ser tan perfectos como ustedes. Ya lo decía mamá: “vos sos el hijo de un pavo”.
Mi madre, la mujer que me crió, qué buena persona; es una lástima que ahora también ella me rechace. Siempre me defendía cuando ustedes, pobres sonidos de mi cabeza, me hacían sentir inferior. Pues ahora le digo a ella, dulce señora, ahora yo soy el superior; los vivos siempre son superiores a los muertos.
Están volviendo a hacer bullicio, ¡cállense!. No se callan.
Estos sonidos no son recuerdos, estas voces vienen de manera independiente a mi memoria, es como si tuviera un gusano que me grita en el oído. A pesar de que recuerdos no son, tocan mi memoria… me acuerdo el día de su juicio: yo fui el juez, el jurado y el verdugo. Ellos fueron acusados por soberbia, siempre intentando ser mejor que los demás y, sobre todo, haciéndome sentir inferior; pues yo los puse en un lugar donde no hay superioridad; por más feo que alguien pueda ser, del otro lado de la vida, no hay diferencia entre ustedes, lindos hermanos. No se sientan solos, ya los van a acompañar otros soberbios, que creen que pueden ser superiores en este mundo de la misma forma que ustedes lo intentaron. Ya los estoy viendo, gritándome cosas del otro lado de la laguna. Ya les voy a conseguir algún compañero para que no se aburran allá, y dejen de molestarme a mí. ¡Cállense!.
¿Quién será ella, la que está al lado de la laguna? Se ve tan delicada, tan inocente y nuestras semejanzas físicas son indiscutibles, también ella debe ser la “hija de un pavo”, como decía mamá. Voy a hablar con ella, y ustedes ¡paren el bullicio! Me voy a encargar de sus futuros acompañantes del más allá en otro momento.
“Es tan especial, y yo soy un bicho raro, desearía ser así de especial” pensé, y se lo dije. Ella me dijo que soy una rareza y por eso mismo soy especial; no entendí lo que quiso decir, pero solo con estar ese momento ahí, me sentí bien conmigo mismo. Fueron 5 minutos de solo vernos a los ojos, en total silencio. La vida es eterna en 5 minutos. Se fue, y solo en ese rápido momento me sentí mejor que los demás, mejor dicho, me sentí único; yo, ella y todo atrapados en un fuego que nos hacía iguales.
Ya no sé con quién hablo, las voces se callaron desde que hablé con ella; no necesito matar a esos soberbios para sentirme superior, para sentirme lindo; soy único y lo único que quiero es volver a verla mañana Sigo siendo feo y deforme; sigo siendo un don nadie y ella una estrella, ¿pero a quién le importa?
Sigo siendo un patito feo.
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