Escribir.

Por: Jaci Gorriti
Desde la perspectiva de mi propia experiencia, escribir es en cierta forma redimir una ausencia, hacer volver a la vida a alguien eminentemente perdido; lo cual resulta un gran problema a la hora de encapsular en palabras eso que quiero decir.
Escribir es como el infinito, como esa inmensidad a la cual tememos por no saber nombrar, por no saber qué hay más allá de la palabra que buscamos o de la que nos encontró. Una inmensidad sobre la cual no rige ningún tipo de ley que reglamente formas, temáticas, estéticas, etc. sobre la cual infinito es a su vez en su finitud lo que se puede decir.
Sin embargo, tampoco resulta una panacea en mí. En ocasiones la siento como un don, a veces su automatismo me adormenta, me transforma, mientras que otras, en cambio, desearía nunca haberme metido en ese mundo de poesía desaforada. Resulta paradójico pensar que la escritura muchas veces me atormenta, y que es a partir de ello que surgen los textos más profundos, por describirlos de alguna forma, que escribo. El insomnio, las palabras codificadas en poesía que como ejércitos avasallantes se arrastran sobre mis días y mis noches (sobre todo mis noches) y el constante replanteo de mi vida y mis relaciones, son algunos de los males-por-buen camino propios de esa labor en mí.
Aún así, la escritura es parte fundamental de esa esencia ficcional a la que decimos "yo".
Cuando escribo yo pongo más que palabras, pongo mi propio cuerpo.

1 comentario:

  1. A propósito de la escritura, acabo de leer una entrevista a Roland Barthes, donde él dice:
    "Usted sabe que es muy difícil definir la escritura en nuestros días, no se puede describirla en términos pasados, eso ya no va, pero digamos que la escritura es a la vez evidentemente un campo de goce y un campo de responsabilidad; y son estos dos renos, si se puede decir, los que hay que tener con una misma rienda."

    ResponderEliminar