Una vez un amigo me dijo que ser escritor era como ser una puta. Darlo todo, ser usada, pero siempre terminar sola, sin recibir nada a cambio, descalificada. En mi opinión esa fue una visión muy pesimista, y yo, considerándome escritora, no me sentía así. Pero sin embargo, en algunas de sus ideas estaba en lo correcto, por lo que en su momento supe responderle, que el escritor debe ser una puta que disfruta de cada una de sus relaciones, que sale satisfecha de cada uno de sus emprendimientos. Si, puede ser agotador, frustrante, pero siempre volvemos a escribir. Porque es una forma de vida, de expresión. Es aquello a lo que recurrimos cuando no existe nadie que nos pueda entender, cuando nos sentimos demasiado grandes, o demasiado pequeños en este mundo, e inventamos otro que sea perfecto para nosotros. Para escapar de la realidad, escribimos. Y si esa salida de emergencia no existiera, creo que, por lo menos yo, no terminaría de entender a mi propia cabeza. Si el escritor es una puta, yo no lo pondría como profesión, simplemente como placer. Porque lo más bonito de cada uno sale a la luz cuando se hace sin obligaciones. Y esos mundos alternos, que realmente son capaces de transportarnos, surgieron del placer de la puta.
(Si a alguien le interesa leer el texto de Luciano, está a su disposición. No tienen más que pedirlo)
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