Sustantivos y adjetivos: Una relación forzosa y no siempre feliz

Una de las últimas actividades del taller consistió en pensar y agregar adjetivos poco frecuentes a sustantivos muy utilizados.

He aquí algunos de los resultados del ejercicio, de las inspiradas pluma de MAGUI DUCOIN y PILAR RODRIGUEZ.
Habrá más!

“Toco el aire no te toco" y la prudencia de las tablas de planchar.

Prosigo. El invierno hace estragos. Las capas de ropa desinflan las ideologías y termino pensando en los lagartos y en las cantimploras.

Bueno, puedo controlar estas situaciones con una demencia lúcida ya que últimamente duermo mucho.

Soñé con palanganas. Apenas desperté, inexplicablemente teoricé sobre las personas que arrancan hojitas de los árboles mientras caminan. Y después el mundo se normalizó.
Experimentaba un placer doméstico muy folclórico y estaba sola en casa. Lamentablemente, del otro lado del porfiado teléfono, había una inflamante contestadora diciéndome: "Felicidades! Usted ha sido sorteado entre una serie de números telefónicos y se ha ganado un auto 0km. Puede pagarlo en cuotas..."
De indignación, era previsible, colgué rápidamente antes de sumirme en el mar ajetreado de mi patetismo.
Como siempre, volví a mi mediocre colchón a echarle la culpa a la mundología, a la experiencia, a la ortodoncia, a los ruleros y a las cubeteras.

Tenía dos itinerarios tentadores: el primero, sugería un tour entre paredes encorvadas, para resucitar sucesos patógenos ya hojeados. También recomendaba untar las heridas gangosas para gestar un incendio salado que quemaría todas las imágenes impertinentes que se me habían traspapelado. El plan era seductor, pues mis guerras mentales se orearían y se disiparía el calor tornasolado, colérico y a la vez misericordioso de tu ausencia.

En cuanto al segundo circuito turístico, éste implicaba actividades sencillas, empezando por levantar la persiana para que su luz escupida me despabilara un poco. Dicha luz me invocaría a recordar ese tiempo, insistente y amnésico a la vez, en que me reía de las mujeres apio y de los gorditos que piden un cucuruchón de crema del cielo y vainilla.
A decir verdad, extraño un poco las discusiones mohosas con mis mejores amigas, que empezaban por los pasillos más sinceros hasta llegar a las risas por tocarse la panza con las manos frías.

Pasé toda la tarde pensando si era que no llegabas a mí porque había mucho tránsito…
Mi lógica y las políticas de mi empresa me condujeron a la segunda opción por el estrecho presupuesto de las ganas y mi curiosidad.

¿Dónde se aprende a vivir? Todavía no sé si me desperté, pero creo que necesito alguien que me ayude a aterrizar del vuelo (M.D)

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Viene a mi mente aquella imagen parpadeante de tus ojos explosivos. Y los ojos de aquella mujer tan transparente, pero tan encerrada en sus intereses. Y recuerdo el teléfono caprichoso, gritándome desde la cocina…recuerdo mi necesidad de estar sola, y también siento todavía tu avaricia. No me puedo olvidar de nuestra triste discusión, y jamás dejará de torturarme tu promesa de inacabable calor.
Tengo aún viva en mis sueños, la imagen inalcanzable de ustedes dos alejándose. No te pude detener. La guerra cínica que vivimos había llegado a su fin. Solo quedaron los restos del incendio. Y lo acepte, te perdí.
Y así, cuando el silencio me envolvió después, cuando extrañaba los alaridos de mi ahora desvalido teléfono, me acerqué, vacilante, a la luz traumática de un nuevo amanecer, con mi herida, persistente, y la rabia del recuerdo de aquella mujer indecente (P.R)

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Ralentizado

¿A quién engañar cuando el teléfono engorroso volvía a roer mi oído con su inquietante melodía? Sin embargo, esta vez la discusión fue inocua, accesoria. Lo incidioso de su discurso estaba en lo que callaba, no en lo que gritaba sin producir siquiera un mínimo sonido.
Esa imagen prescriptible que emanaba de su voz, reacia a mostrarse firme de una vez por todas, abría una herida marchita, surcando en lo más hondo de mis recuerdos. El tiempo era un músculo acalambrado, edificante de pensamientos que regaban sin parar un desierto postrímero.
Pero era insoportable mantener esa guerra sosegada con la nada; necesitaba penetrar otra vez en el calor inaccesible de su cuerpo de mujer egregia, y renunciar a esa frialdad misógina que en algún momento pretendí irradiar.
Así fue que de nuevo fui arrastrado por su luz cenicienta, minuciosa, que escarba donde sabe que los sucesos enrarecidos por la noche se convierten en multitudes sacramentales.
Sin embargo, cuando logré escapar del sopor provocado por su encanto, lo entendí. Lejos es no estar. Así que colgué el teléfono y arranqué de mi propia pared insurrecta todas sus fotos, querubines del demonio, donde una mirada tímida insinuaba su hechizo destructivo.

(J.G.)

1 comentario:

  1. ¡Me encantó esto! es un ejercicio muy efectivo por lo que veo.
    Me sucedieron unas imágenes cómico-surrealistas que captaron mi atención a lo largo del texto. Excelente la verdad.
    Aplauso y saludos.

    Brenda

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